miércoles, 3 de abril de 2013

Opine !! 

A la sombra del almendro ~ Tercera parte



Al día siguiente, ya con todo preparado, madre, padre e hija se dispusieron a ir de picnic al bosque de almendros cercano al pueblo. Al llegar allí, aquello estaba lleno de gente, no solo los habitantes de Fregeneda, sino bastantes turistas también. Cuando por fin encontraron un sitio donde sentarse, comenzaron a sacar las empanadillas y demás cosas típicas de un día de campo y se dispusieron a comer deleitándose con las magníficas vistas de los almendros en flor que les rodeaban. Al terminar Abbey pidió permiso a sus padres para ausentarse y fue a caminar por el bosque, dejándose cautivar por el aroma que desprendían los árboles. 


¿Abbey? ¿Eres tú? –Se escuchó de repente una voz, a lo que ella se giró y vio que un joven de unos veintidós años, alto y con unos hermosos ojos verdes, la estaba saludando con la mano mientras se acercaba. – Por la cara que pones, veo que no me reconoces. – Dijo el muchacho ya al lado de ella, sin dejar de mirarla y dándola dos besos en la mejilla, prosiguió diciendo. – Soy Erik, tu vecino y mejor amigo de la infancia… - Esas palabras parecieron ser mágicas ya que despertaron en Abigail un montón de recuerdos de ese pueblo, entre ellos de las largas tardes de juegos con Erik y se dio cuenta de porque sus padres la habían llevado hasta Fregeneda, no era una simple turista, ella habia vivido ahí durante años.


Horas después Abbey y Erik se hallaban sentados a la sombra de un almendro, contándose las aventuras de todos los años que llevaban sin verse. Ella no podía parar de sonreír con el reencuentro, resultó ser el mejor viaje de cumpleaños que nunca la habían regalado sus padres. Y desde ese día, se convirtió para ella en un ritual regresar cada año a la sombra de aquel almendro, al reencuentro de Erik, de sus múltiples recuerdos de la niñez y del relato de los sucesos nuevos que les habían sucedido a ambos en el año separados. Esto demostró a Abigail, que no siempre las cosas más caras o los destinos más urbanos eran los mejores y que debía siempre dar una oportunidad a las cosas antes de juzgarlas.

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